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Estados Unidos de Europa II

Vuelve el debate. Italia y España se unen inexorablemente a Grecia en la desconfianza de los mercados. Las primas de riesgo asociadas a los tres países fluctúan semana a semana con una virulencia nunca antes vivida y sólo ciertos mensajes de Trichet calman los bandazos alguna jornada que otra. El resto de días el inversor no confía en que los mediterráneos puedan devolver su deuda.

¿Alguien cree que esto puede solucionarse sin una catarsis (del griego, purificación) o un viraje estructural tan profundo como la unión fiscal de la Unión Europea? ¿De verdad alguien cree que los países 10º, 13º y 38º en la lista de países colocados por PIB pueden remontar el vuelo bajo decretos de reducción de déficit válidos para 2020?

Seamos serios de una vez. O Alemania y Francia se convencen de lo inevitable o nos desmembramos para formar parte de la franja histórica más vergonzante políticamente que se haya estudiado, ¡con lo que ha costado llegar hasta aquí!

Releo algo que ya vagaba por el blog en Abril de 2010 y añado unas reflexiones esclarecedoras de alguien que sabe mucho más que yo de todo esto:


Cada vez resulta más claro que la crisis financiera puede significar la destrucción del proyecto de unificación europea, porque deja al desnudo las debilidades de la eurozona y de su armazón; que no son tanto financieras o económicas como políticas. El Tratado de Maastricht creó una unión monetaria, pero la unión política nunca se concretó. Y ahora el euro y los países que lo adoptaron sufren las consecuencias. En la actualidad, la eurozona se apoya sobre pilares inestables: es una confederación de Estados que aspiran a tener una unión monetaria sin renunciar a la soberanía fiscal. Y en épocas de crisis, este esquema no puede funcionar.

En 2007 y 2008, en los albores de la crisis, estábamos a tiempo para corregir los defectos estructurales de la eurozona. Pero para los funcionarios alemanes pesó más la autonomía nacional; optaron por un modelo confederativo.

A lo largo de la historia, las confederaciones nunca funcionaron, porque dejan en el aire la cuestión de la soberanía. Estados Unidos es un buen ejemplo: obtenida la independencia, las colonias se integraron en una unión, regida por los Artículos de la Confederación, en la que conservaban cierta autonomía. Pero como resultó un fracaso financiero y económico, tuvieron que adoptar un sistema federal. La situación que afronta en la actualidad Europa es casi idéntica, excepto que las condiciones históricas para una mayor integración son mucho más complejas y difíciles.

Europa tiene tres alternativas. Una es seguir improvisando, como hasta ahora; el resultado será agravar y prolongar la crisis. Otra, eliminar la unión monetaria, lo que significaría el fin del proyecto europeo y el inicio de un caos ingobernable. La tercera opción sería que Europa avance en la dirección de una integración económica y política efectiva; pero los líderes actuales no se atreven porque no creen que la opinión pública interna les dé el apoyo necesario. De modo que todo indica que la respuesta será una combinación de las primeras dos opciones. Más tarde, cuando el proyecto europeo esté a medio naufragar, puede que llegue la hora del federalismo. Pero la palabra clave es "puede": también puede ocurrir que Europa se hunda en el abismo.

Joschka Fischer, exministro de Asuntos Exteriores y vicecanciller de Alemania, fue durante 20 años uno de los líderes del Partido Verde Alemán. © Project Syndicate / Institute for Human Sciences, 2011. Traducción de Esteban Flamini.



Se me olvidaba recordar que el diccionario para emancipados ya está terminado y subido por completo. Queda en constante actualización para cualquiera que quiera que introduzca alguna definición más (sólo tenéis que pedirlo en un comentario). Podéis acceder a él desde aquí o de la manera más común, que es haciendo clic en el recuadro que lo anuncia en el margen derecho.

El diccionario para 'negaos' llegará más tarde, tiempo al tiempo.

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